Este pequeño museo fue muy importante durante la segunda mitad del siglo XIX, sobre todo por sus seis bronces jurídicos romanos, entre ellos uno con parte de la Lex Flavia Malacitana, la legislación por la que se regía el municipio malagueño, durante la dominación romana, hacia el año 81 de nuestra Era, bajo los emperadores Flavios.

   En esta especialidad sólo le superaba el Museo Borbónico de Nápoles, que atesoraba ocho bronces, y en todos los restantes museos de Europa se reunían tan solo unos catorce más.

Todos los sabios que querían estudiarlos, como el gran Theodor Mommsen, "padre" de la Historia de Roma, Hübner, Henzen, Borghesi y otros, tuvieron que venir aquí o pedir que se les enviasen facsímiles.

   Otras piezas arqueológicas importantes eran un mosaico romano con las hazañas de Hércules, que ocupaba todo el suelo (puesto que este templo de estilo dórico se hizo a su medida), una quincena de esculturas romanas y unas doscientas piezas prehistóricas, fenicias, íberas, romanas, cristianas y musulmanas. La colección de bronces se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, el mosaico romano y la estatua de la Musa de Urania en Bilbao, y otras piezas en la Alcazaba de Málaga.

   Una de las joyas del museo fue el mosaico romano del siglo segundo o principios del tercero de la era cristiana, encontrado en Cártama, y que representa, en vivos colores, las hazañas de Hércules. Actualmente se encuentra en Bilbao. Rodriguez de Berlanga narra así su hallazgo: "Cuando hacia el 1859 había terminado la estampación del facsímile del Bronce Salpensano llegó a noticias de los mencionados Marqueses que en el citado pueblo de Cártama se había encontrado un trozo preciosísimo de mosaico romano al componer la solería de la habitación baja de una casa vieja, cuyo pavimento adquirieron muy luego, lo mandaron descubrir por completo, viendo que representaba los supuestos trabajos de Hércules, y en seguida valiéndose de operarios entendidos en este género de operaciones, lo hicieron levantar con todo esmero en grandes pedazos y trasladar convenientemente empaquetado a su indicada Casa de Campo, donde algún tiempo después, un artista idóneo, expresamente traído de Roma fue restableciendo el mosaico trozo por trozo en el lugar de la finca que se le designó al efecto, rellenando con teselas blancas, recogidas en el mismo sitio del hallazgo, los cuadros que habían sido destruidos al abrir los cimientos del edificio más moderno, en cuya área quedaron comprendidos, en fecha posterior a la reconquista. Cercando todo el espacio ocupado por este mosaico antiguo con tanto acierto restablecido, se alzaron los muros de piedra de un pequeño templo de estilo dórico destinado a encerrar las Tablas de los Tejares, los objetos antiguos de mayor interés que por su tamaño pudieran tener cabida en el recinto y los que fueran en lo sucesivo adquiriendo." En el cuadro superior derecho, que fue uno de los destrozados, se colocó una inscripción en latín cuya traducción es la siguiente: "Mosaico encontrado en Cártama por D. Jorge Loring el 5 de Diciembre de 1859 y a sus expensas trasladado con sumo cuidado a su casa de campo".

   Amalia Heredia Livermore (1830-1902) y Jorge Enrique Loring Oyarzábal (1823-1900) se casaron en 1850 y crearon los jardines de La Concepción. En 1851 se produjo el hallazgo de la Lex Flavia Malacitana y otro bronce jurídico romano, y los compraron, iniciando así su colección arqueológica. Amalia era una mujer muy inteligente y culta que formó -junto a su marido- una interesantísima biblioteca, coleccionó manuscritos inéditos sobre temas malagueños, fue una apasionada de la política, se ocupó muy intensamente del jardín y de la colección arqueológica y llevó con gran soltura su papel de anfitriona de los personajes que venían a ver el Museo Loringiano.

   Jorge era un hombre de negocios muy emprendedor que constituyó el tercer vértice del triángulo financiero Heredia-Larios-Loring, al que se debió el gran desarrollo industrial y económico de la Málaga del segundo tercio del siglo XIX. Era ingeniero de caminos, canales y puertos, construyó la línea de ferrocarril Málaga-Córdoba, fue presidente de la comisión de comerciantes, cosecheros y almacenistas, fundó un periódico, fue diputado, y era muy aficionado a la Arqueología. Por su labor humanitaria durante la epidemia de cólera en 1854-55 se le otorgó el título de Marqués de Casa Loring.

   Manuel Rodríguez de Berlanga (1825-1909) se hizo amigo de Jorge Loring y, andando el tiempo, se convirtió también en su cuñado. Estudió, tradujo y divulgó entre los especialistas la Lex Flavia Malacitana y creó la colección arqueológica que aquí se albergaba, en estrecha colaboración con Jorge y Amalia. Publicó varios catálogos de este museo, el último en 1903, del cual proceden las fotos de la exposición. Fue un auténtico sabio reconocido internacionalmente. Por sus importantes trabajos sobre la Lex Flavia Malacitana fue nombrado Caballero de la Real Orden de Isabel La Católica.